Descripción
En esta obra he querido recrear la sensación de despertarse debajo de un pino después de una siesta. En un primer plano tenemos el pino protagonista que nos arropa y cruza el cuadro en diagonal, acercándose cada vez más y dejándonos apreciar la textura de su tronco. Está forma contrasta con el paisaje, que recorre el cuadro en espiral, bordeando el agua hasta terminar en un pino moribundo y en sombra que parece que está a punto de morir.

Es un cuadro en el que se puede apreciar la arquitectura de de ramas bajo la copa que aún en sombra va reflejando indirectamente esa luz cálida y mediterránea.
El entorno donde se encuentra, es un paisaje un poco místico, de ensueño, una playa cristalina, silenciosa y solitaria, rodeada de arboles muchos de los cuales parecen tener vida propia. Ese movimiento con el que se van retorciendo te hace sentir como en un paisaje un poco encantado.
El pino moribundo, que he ubicado inconscientemente al final de la espiral, hace alusión también al final de la vida. Y es una componente dramática y sombría que realmente sirve para potenciar la luz, la energía y la vitalidad de todo el paisaje.









